Ardiendo
quemándome.

Cegada por la luz
y al mismo tiempo por la sombra.

A la orilla del abismo,
lo camino
o lo sobrevuelo,
como bruja.

A un paso del sol,
hecha cenizas
densa como la niebla:
oscura.

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Llama implacable

Soy el fuego,
soy el rayo:
fugaz; ardo
me quemo.

Luz cegadora,
sombra consumidora:
el claroscuro.

Sonido ensordecedor,
¡el trueno,
estruendo!
Silencio absoluto:
de inicio y final brusco
–paroxística–.

El blanco,
el negro:
los polos,
todo o nada
–dicotómica–.

Cauce desbordado que se lleva todo a su paso.
Ardo, me quemo:
soy el fuego mismo,
la llama implacable.

Ojalá ser ave

Ojalá ser ave
para emprender el vuelvo cada vez que se desee
para sentir —al aventarse
desde lo alto al vacío—
una pequeña sensación de muerte
cada vez que el acto sea realizado.

Ojalá ser ave
para poder volar alto y lejos
para lanzarse a la nada a diario
para poder irse cada vez que se decida
sin miedo ni titubeos
para arrojarse una y otra vez desde la cima
y sentir continuamente el suicidio
o no estar aquí ni allá
sino en cualquier lugar deseado
y ser libre.

Ojalá irse lejos

Ojalá irse lejos
muy lejos
y renunciar a todo,
despojarse de todo
del pasado y sus recuerdos
del dolor,
irse lejos de todo y todos;
desprenderse,
incluso de uno mismo.

Irse como se va quien se muere
pero en vida
y vivir realmente.

Cómo no llorar

Pero cómo no ir por la vida con lágrimas en los ojos, pregunto
¿cómo no pasarse la vida llorando?
si el dolor es la vida misma.

Cómo, pregunto, no llevar lágrimas en los ojos
una presión en el pecho,
¿cómo impedir el desmoronamiento del cuerpo?
el hundimiento y asfixia
—el colapso—,
si precisamente vivir ocasiona todo esto.

Cómo no necesitar el llanto,
y de paso evitarlo
si abrir este cerrojo aliviana el alma,
¡ah, cuán ligera la hace!
y díganme ustedes si no estoy en lo cierto.

Cómo no llorar también con la palabra,
con la mirada,
con el pensamiento,
con cada paso;
si vivir es estar expuesto a la desdicha,
al agrietamiento.

¿Qué pensar?

Qué pensar
qué pensar acerca de la vida
y del sufrimiento
del dolor que conlleva vivir.

¿Qué pensar?,
¿que nacimos acaso para sufrir?,
¿que en la desgracia consiste la vida?,
¿o que simplemente las penas son parte de ella y no son el todo?

Qué pensar,
qué pensar sobre las injusticias,
¿que las merecemos?,
¿o que sencillamente son un azar como todo,
un azar del que todos formamos parte?

¿Qué pensar?,
¡qué pensar!
No lo sé,
que alguien por favor me lo diga.
Yo solo pienso en la posibilidad de enmendadura de mis heridas,
de cicatrizar todo lo que me ha generado mi corta estancia en este mundo.

¿Qué he perdido?

¿Pero qué he perdido?,
qué es lo que he perdido
que siento como si me faltara un brazo
como si me faltara un órgano.

¿Qué he perdido?
que siento que algo fundamental me falta
una carencia que me dificulta vivir tranquilamente
que me dificulta respirar, caminar…
que me genera un torbellino.
Carencia del alma
porque estoy completa
a simple vista completa.

Pero qué es lo que he extraviado en esta vida
qué es lo que me han arrebatado
que siento que me hace falta algo
algo que no sé que es
que no identifico
–intangible–.

¿Qué perdí?
lo necesito para vivir.
Lo extravié
y debo emprender una búsqueda que no sé cuánto tiempo me lleve
solo espero hallarlo
y que ese afortunado día no sea demasiado tarde.

¿Qué fue lo que perdí?
que una luz me ilumine
ilumine mi camino hasta encontrarlo
y encontrarme también yo,
y poder saberme completa.